Alicia ha estudiado todos sus movimientos, la ropa que lleva, y si se sienta cerca sabe cual será la siguiente canción en sonar en su Mp3. Pero no es la única, él también se ha fijado en ella. Sabe que sube y baja en su misma estación, que todas las mañanas lleva un libro en los brazos aunque nunca lo abre y que nunca viaja sin llevar los cascos puestos. Han intercambiado miradas llenas de legañas dentro del autobús y alguna que otra tímida sonrisa fuera. Cada mañana sus silencios dicen más que cualquier palabra perezosa.
Esa mañana será la última en la que Alicia utilizara esa ruta. Espera con ilusión subirse al autobús para verle. Sabe que él ya está sentado porque era el segundo de la cola. Su sorpresa es mayúscula cuando descubre que el asiento contiguo está libre, así que decide colocarse a su lado, pero él ya está dormido. Transcurre todo el viaje en silencio, haciendo pequeños movimientos para intentar que él abra los ojos y la mire Sube el volumen de su reproductor aun a riesgo de quedarse sorda, pero él no se inmuta. “Despierta, despierta”, grita ella para sus adentros. “Es la ultima oportunidad que tengo de verte, despierta !coño! “parece querer decirle con un sutil codazo.
El bus entra en la estacion. Los pasajeros se ponen de pie y uno a uno comienzan a bajar. Alicia se hace la remolona mientras da tres vueltas a su bufanda y se abrocha los botones del abrigo. El sigue durmiendo plácidamente. Ella coge el bolso y baja las escaleras que la llevan a la parada del suburbano. Se gira, como para decirle adiós, pero él ya no esta en su asiento. Está delante de ella, con una sonrisa burlona exclama “Mejor si me hubieras despertado antes” y se marcha confundiéndose entre la gente que se agolpa en los andenes.